miércoles 6 de mayo de 2009

Gastando carreteras

Gastar carreteras. Avanzar / avanzar / avanzar. Gastar carreteras. Kilómetro 1 y muchos por gastar. De a dos. Compañeros cómplices u obstáculos, Bobby Perú en el horizonte frente a Sailor y Lula.

Quemar carreteras. Los bizarros Coral y Nicolás Estrella, ¿y Perdita Durango y Romeo Doloroa? También se suben a este viaje. De fondo escucho dos motos venir con Fonda y Hopper aparecer.

Un relato festivo de los Tortolitos en ¿Quién mató a la llamita blanca?Caballos salvajes de Pyñeiro. Recuerdo a Gael García como espejismo del Che, aunque me quedo con su Y tu mamá también con Luna como “partner” y la Verdú como mi musa de “olgüeis”. poniendo a los pillos en escena, del mismo modo que

Y todos gastan carreteras en un desnudo, nimio y ocioso movimiento articulado por un proyecto de escape, búsqueda o desnudo, nimio y ocioso movimiento. Simple, nimio o mínimo como el de Carlos Sorín junto a su perro en Historias mínimas o la gran gesta colectiva de Familia rodante. Se mueven, transitan. Van. Gastan carreteras y no dejo de pensar en Asesinos por naturaleza con Micky y Mallori como héroes. Todos, todos, todos son héroes de sus gestas, unos peores, otros mejores. Todos con horrores. Todos proyectan y elucubran sus pequeños relatos. La mayoría deviene en derrota, otros se quedan donde mismo. Estancados postmovimiento. Arrancan, se van de donde no quieren estar y piensan que el nuevo lugar les dará lo que antes no tenían. Se mueven por joder, por evadir, por bailar, por robar, porque sí. Gastar carreteras. Kilómetro 1, el eterno comienzo del viaje.

domingo 19 de abril de 2009

Rudo y Cursi

De la tierra de Rulfo, Ripstein, Lucero y el Necaxa, llega Rudo y Cursi de Carlos Cuarón —hermano de Alfonso, el otro—. Dueño del guión de Y tu mamá también —dirigida por Alfonso—, ambas protagonizadas por Gael García y Diego Luna, lo que por ahora da lo mismo. Cierto. Pienso en el acierto de la elección de Francella —tal como antes acertó Alfonso con Maribel Verdú—, comediante argentino al que recuerdo de la época en que La Red (canal 4) daba la Brigada cola. Programa que nadie recuerda por ahora.


Con algo de kitsch —que no está mal— y algo obvia en su estructura —que sí es tá mal— Francella logra encauzar el relato. Teñirlo de un tono inestable y de poca credibilidad. Francella en plenitud. Éste hace las veces de manejador y descubridor de estrellas del fútbol, una suerte de estafador amigo de sus representados: Rudo y Cursi. Francella maneja jugadores, pero también la narración. Es la voz over, físicamente fuera de campo, pero dentro del campo sonoro. Nos guía por el triunfo y la derrota, a veces empate, del Rudo y del Cursi. Porque si se habla de fútbol se habla de la posibilidad de ganar o perder. Si es empate, siempre hay que tomarlo como triunfo o derrota. No hay segundas lecturas. Creo.


Vuelvo a Francella. La narración está puesta en sus manos. La elección de un comediante y no de una figura seria, creíble, permite enfrentar un relato como tal. Francella, en sus comedias siempre pierde. Ahora no es la excepción. En Rudo y Cursi, en apariencia, es un ganador, pero como en toda buena comedia, se exacerba la derrota para lograr el efecto de la risa. Derrota + derrota + derrota = risa. Si se le agrega un hilo conductor como Francella, esto da pie a un relato que en momentos logra su objetivo: el espejismo del triunfo, pero la constante derrota encubierta, la de los otros y la del mismo Francella.


Rudo y Cursi.
Alfonso Cuarón. 2008. México

domingo 29 de marzo de 2009

El asadito

La imagen de un grupo de amigos que se junta a compartir un asadito. Simple. Nada de grandes excusas y menos de gestas veladas. La junta, la fiesta por la fiesta. La fiesta del ocio. Jarana amistosa, a veces aburrida, pero jarana al fin y al cabo.
El encierro abierto, en una terraza muy típica de los barrios bonaerenses. Un encierro en primer plano, en paralelo a una ciudad que avanza rauda a su ritmo diario.
Una imagen en blanco y negro coludida con una narración lenta que intenta exacerbar el tiempo muerto a través de la cadencia y nimiedad dramática de los relatos.
Un asadito que deviene en drama de amigos. Insignificante y tenso a la vez.
Apuesta por lo menor, por parte de Postiglione, con resultado abierto.

Argentina, 2000.
Dirección: Gustavo Postiglione

lunes 15 de septiembre de 2008

"Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neocomedia romántica"

"Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neocomedia romántica". Isaac León Frías. Uqbar Editores. Santiago, 2008. 158 páginas. Ensayo.

Disfruto tanto viendo cine como leyendo sobre él. Es que en este último ejercicio vienen a la memoria películas que he revisado y otras que no, además de las que desconozco y dan ganas de hacerlo. Así sucede cuando leo a Jacqueline Mouesca, sobre cine chileno; a Bill Nichols, sobre documental, o, en general, a André Bazin, Raúl Ruiz o cualquier texto, sobre el tema. Eso sucede también al leer "Grandes ilusiones", del crítico peruano Isaac León Frías, publicado por Uqbar, editorial que está llevando a cabo una impecable colección sobre cine. Un libro que reúne ensayos escritos y publicados por el crítico en diversas revistas de cine. Ensayos que, a su juicio, dan cuenta del aporte de algunas filmografías "significativas y sobre diversos asuntos que cruzan el espacio de la pantalla fílmica". Filmografías diversas, como versa la bajada de título del libro, tanto en el plano del cine de autor de Sergei Eisenstein, como del cine de carácter más liviano esbozado en la neocomedia romántica.

En el libro, León Frías se hace cargo del cine no desde un punto de vista histórico en cuanto a secuencia de movimientos o catastro de momentos cinematográficos. Lo hace al leerlo y entenderlo. Primero, como "vehículo transmisor de la historia", con sus "huellas" y relación sostenida con la sociedad que lo cobija. Luego, al asumir el lugar incómodo de Latinoamérica como espectadora del cine mundial, de difícil acceso a cinematografías completas de los autores "grandes" o "marginales/independientes" que se escuchan a lo lejos. Lugar latinoamericano apreciado en la reflexión en torno a la producción realizada por el mexicano Arturo Ripstein y el argentino Adolfo Aristarain; a los hitos más importantes, como el Festival de Cine de Viña del Mar, a fines de los sesenta; y los directores que rondan el "cine militante": Fernando Solanas, Santiago Álvarez o Glauber Rocha. Finalmente, al desarrollar temáticas como la "hiperviolencia" del cine norteamericano, desde sus orígenes, pasando por las "notas agresivas y violentas" de la comedia, hasta "Taxi Driver" y las películas de comandos y misiones militares; la constante y pertinente reflexión en torno a los géneros en su variante "neo": neorromántico, neowestern o la reutilización de otros; además de un recurrente análisis de personajes y referencia a los espacios que habitan y la manera en que son mostrados por los cineastas.

En general, un libro para cinéfilos o aprendices, para quien consume cine en grandes salas comerciales o de público reducido. Para el que consume en DVD, cable o TV abierta. Para un espectador "culto", que se quedará con "El Acorazado Potemkim" o el cine de Jean Renoir. Para uno "independiente", quien verá en Fassbinder un buen momento del libro. O para uno que busca entretención, en el cual "Reto al destino" o el cine de Eastwood calzarán perfecto. Personalmente me quedo con el análisis a Ripstein y Almodóvar, aunque, de paso, extraño cinematografías como las de Akira Kurosawa, Wong Kar Wai o Federico Fellini, y de algunos chilenos como Ruiz, Silvio Caiozzi o Patricio Guzmán. Sé que un libro no puede abarcarlo todo. Me quedo con la idea de que éste hace un plano cerrado y certero.


Publicado en La Nación Domingo.
Domingo 7 de septiembre de 2008

martes 26 de agosto de 2008

El baño del Papa

Domingo 24 de agosto, con Andrea elegimos una película al azar para ir al Sanfics, en su penúltimo día. La película elegida es El baño del Papa, la cual toma la visita del Papa en 1988 a Uruguay, específicamente a Melo, un pueblo pobre y pequeño, como excusa. César Charleone y Enrique Fernández nos muestran una película del fracaso y derrota constante que viven los pobres.


Los habitantes de Melo ven en esta visita la salvación a su pobreza. Se organizan para el evento religioso habilitando puestos de comida en los que invierten el poco dinero que tienen. Por su parte, Beto, el protagonista, un transportista de carga que cruza la frontera con Brasil en bicicletas, decide colocar un baño. Todos tienen su proyecto.


Al terminar la exhibición llega a la sala del cine uno de sus directores: César Charleone (también director de fotografía de la película y de Ciudad de Dios). Sostiene un diálogo interesante, sobre todo a partir de opiniones sobre el cine latinoamericano y su "nueva cara" desde Estación Central, Amores perros y Ciudad de Dios. Charleone responde una pregunta mía sobre las matrices del cine latinoamericano que él junto a Fernández distinguen o consumen para la realización de la película. Pienso en la idea del constante elucubrar negocios dada en Negocio redondo o La fiebre del Loco. En la fórmula religión y mercado, revisada en el documental argentino Ciudad de María. En la hija de Beto, quien en un contexto de pobreza total aspira a ser periodista para "mostrar" la realidad, personaje que se ve en Buscapé, el adolescente fotógrafo de Ciudad de Dios. César Charleone agrega Historias Mínimas de Carlos Sorín, además de su inclinación por el neorrealismo italiano, que se ve en la elección de actores que realmente eran habitantes de Melo. Al final pienso en el Ladrón de Bicicletas. la relación es obvia.


Con Andrea salimos más que satisfechos del cine. No siempre se puede dialogar con el director. Pensamos en ver otra película y elegimos Año Uña, del hijo de Alfonso Cuarón. Entramos y entre los espectadores distingo a Iván Osnovikok y Matías Bize. Me dan ganas de seguir hablando de cine, pero prefiero callar. Pasan unos minutos y se corta la luz. Nos quedamos sin segunda película. Decidimos ir a ver El asaltante al otro día. Con un muy buen inicio la película se desinfla. Lo bueno de esto es que la idea de que El baño del Papa era buena, se confirma. Para ver Año Uña, tendré que esperar.

martes 5 de agosto de 2008

Calle Santa fe: La ruta hacia Calle Santa fe 725

El año pasado compré Calle Santa fe, pero recién ahora la veo…

Hace unos meses conversando con Patricia Espinosa llegamos a los títulos El infierno de Luz Arce y Mi verdad de Marcia Alejandra Merino, ambas autoras que pasaron de ser parte de la izquierda a ser delatoras y parte de la DINA en la dictadura. Días después llega a mis manos, para comentar en La Nación Domingo, el libro Krassnoff: arrastrado por su destino. Su autora, Mónica Echeverría, es madre de Carmen Castillo, la esposa de Miguel Enríquez, muerto en un operativo dirigido por Miguel Krassnoff, en el que participa Osvaldo Romo. El nombre de Carmen Castillo me hace ver su documental, Calle Santa fe, la calle donde Enríquez murió y ella sobrevivió. Calle a la cual vuelve años después para intentar el reencuentro con su pasado.

Un día antes de ver Calle Santa fe termino de leer el libro Luz Arce: después del infierno, un libro basado en las declaraciones de ésta y las entrevistas que sostuvo con Lazzara, quien toma El infierno como punto de partida. Veo el documental y leo el libro una semana después de leer y ver el libro de Pepe Cuevas Álbum del ex-Chile, que se hojea como una previa a un documental en primera persona del ex-poeta.

Así, todo converge. Las voces que leo y veo son piezas opuestas de un mapa confuso de una época similar. Todas son memoria, todas son imágenes pululando. Imágenes que van y vienen una y otra vez. Las tomo y las guardo junto a otras.

sábado 10 de mayo de 2008

Un lugar común: el padre

Conversaba hace unos días sobre el efectismo de algunas películas al trabajar el tema del padre y su relación con el hijo. Esto a partir de un tema sobre cine chileno que devino en Padre nuestro. Este me llevó a pensar en ese tema tan básico y sencillo que es el tema del padre y a revisar algunas imágenes.

Lugares comunes de Adolfo Aristarain. Como su título lo dice, estos son lugares comunes en la vida. Una película que muestra el proceso de crecimiento a la inversa de un hombre que llega al final de su vida. Su hijo no representa los mismos valores o formas de vida que él. En esta imagen vemos una relación simétrica, a diferencia de Julio comienza en Julio.




Julio Comienza en Julio (1978) de Silvio Caiozzi. Sólida matriz en el cine chileno para Padre nuestro. El tema del padre, en este caso represor, metáfora de la dictadura de Pinochet en sus años de producción. En esta imagen se aprecia la relación tensa y distante entre padre e hijo. A diferencia de la Lugares comunes, donde es, de algún modo, simétrica.


Padre nuestro de Rodrigo Sepúlveda. El tema del viaje y la agonía del padre abren heridas en la familia y ayudará a cerrar otras. En la primera imagen se aprecia al padre necesitando a su hijo al comienzo de la agonía. En la segunda, el conjunto de los hijo, en el mismo momento.

El tema del padre en el cine bien puede ser un lugar común que siempre volverá como imagen de algo, de un estado que apelará, sobre todo, a la matriz personal del espectador, en su nostalgia o distancia. No obstante, varias lecturas se pueden sumar para enriquecer el diálogo. Como sea, la imagen del padre es una imagen para revisar una y otra vez. Una y otra vez.